domingo, 10 de agosto de 2008

HUARAZ (Primer proyecto)



HUARAZ, LA CIUDAD DE LOS NEVADOS

-Crónica-

Muchos sueñan en tener un viaje de promoción, algunos se preparan desde tiempo para un destino especial, en búsqueda del legado incaico en el Cusco, o buscando algo más caliente como Iquitos, sin embargo en el caso del aula 5to F, de la Promoción 2003 del Colegio Nacional Independencia buscaban algo simple pero divertido.

Nadie se lo pudo imaginar, pero se dio, y con el esfuerzo de ellos mismos, las intensas noches realizando actividades, sin dejar de pasar por los anticuchos y las polladas, hicieron que este grupo realice ese sueño que tenían en mente realizar en el mes de Noviembre. Un viaje. Un viaje nocturno que tuvo su contribución al aparecer el alba por las ventanas del bus interprovincial que dirigía a los estudiantes. Los nevados escondidos entre el cielo y la tierra huaracina esparcida por una intensa llovizna dieron la bienvenida a los aventureros que parecían encontrar lo que andaban buscando.

Huaraz. La ciudad cuna de los nevados, la ciudad del Alpamayo, Pastoruri, el imponente Huascaran y su compañera, el Huandoy. El que cobija las maravillas naturales como Llanganuco y Chavín, y que fue el que vivió la desgracia en su provincia de Yungay.

Si algo identifico aquella presencia en la ciudad en la mente de los muchachos estudiantes, fue los lugares turísticos visitados, luego de diversos alimentos oriundos del lugar y experimentar algunas tradiciones, muchos deseaban conocer el lugar, ese ambiente que pocos y a pesar de la altura habían podido imaginarse, entre un poco del frio de la época y esas lloviznas imprevistas que aparecían mientras se caminaba por sus calles.

Al caminar cualquiera podía apreciar esa maravilla de lugar, las casas fabricadas con las mismas manos de los que vivían allí, esas calaminas rojizas humedecidas por el frio serrano, y esos detalles de las cruces en el techo que parecían identificar la creencia católica en cada aposento. Los niños corriendo tras el auto alzando el brazo a los jóvenes visitantes cara pálida que aparecían por las ventanas emocionados y tomando fotografías, las mujeres caminando con sus hijos en la espalda y llegando a laborar o yendo a casa para estar con los suyos.

Destinos.-

Llanganuco es el lugar más solicitado por muchos y punto obligatorio parta comenzar el viaje, aquella laguna entre las alturas de las montañas que es la unión de aquellos imponentes nevados como el de Huascaran y Huandoy, oriundos los nombres por la creencia popular que aun suenan por las aguas que reflejan el lugar. Sus botes que hicieron sentir a los muchachos un momento sin igual, al menos hasta el instante que comenzó a llover a gotas gigantes.

Quien se imagina ver a un guerrero inca y una coya enamorados y que para ser separados fueron castigados estando uno frente a otro amarrado a un cerro; y esas lagrimas de impotencia por abrazarse y quererse transformadas en las aguas azules que con el tiempo se volvieron lo que uno aprecia al llegar.

Yungay y su desgracia enterrada, cuando uno pisa ese suelo puede sentir el peso del no poder hacer nada, esas calles maravillosas que un 31 de mayo de 1970 vio la muerte recorrer a una velocidad terrible desde el Huascaran hasta el rio Santa.

El cementerio con ese impotente Cristo blanco pedir clemencia al nevado para que no se repita ello, y bendiciendo a los sobrevivientes de aquel suceso desde donde estén. Ese lugar que salvaguardo a algunos pobladores de una muerte segura y que ahora parece ser el único mudo testigo junto a las palmeras y los restos de los autos de época que hace que cada uno de los visitantes sienta o recrea en su imaginación los sucesos vividos en aquellos días del año 70.

Pastoruri, el nevado que recibe a todo y hace que experimenten la presión de la aventura, el blanco de su camino y de sus cumbres que entre el frio y la altura poseen esas ansias de que el visitante sienta lo que es en realidad el Perú y su geografía tan complicada. La nieve que la cubre y esa cueva donde las gotas de deshielo forman ese fenómeno que pocos pueden experimentar.

Solo Huaraz.-

Si hay algo que mencionar de Huaraz es que el visitante parece sentirse poseído por las ansias de no irse, de quedarse y ser parte de esa gente que los recibe con una sonrisa, de ser uno más de esos niños que caminan por la plaza y juegan en esos “mundos” de baldosas mirando atentamente la luna salir.

Es esa ciudad donde no importa el frio ni la lluvia, ni encontrarse entre el camino a una persona que pida al auto que lo lleven hasta su casa, tampoco el peligro a que el rio Santa suba su caudal y amenace a los habitantes.

Nadie quería irse, nadie de esas promoción, incluso los amigos que dejaron hicieron la promesa de volver a verse, ir al mismo hotel, al mismo restaurante, los mismos puntos visitados, los mismos guías, el mismo chofer, debían volver y quedarse para recordar, para ser aventureros nuevamente.

Han pasado cinco años, y Huaraz ha cambiado, se aprecia por las fotos últimas que se ven, según un último viaje de uno de los tantos que fueron, el hotel ya no existe, el restaurante se volvió otro negocio, y esos amigos anónimos han desaparecido. Sin embargo la cultura aun está ahí, la gente amigable, los niños jugando y corriendo tras los autos de los turistas, las lluvias de improviso, los nevados a pesar del calentamiento aun están ahí imponentes y maravillosos.

Esta ciudad no cambia, sigue siendo ese punto donde el cielo y la tierra se unen para complacer a sus visitantes.

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